Un gran poder

Todos los niños de los noventa que crecimos viendo las películas de princesas y superhéroes hemos oído al tío Ben decirle a Peter Parker aquella famosa frase que decía:

«Un gran poder conlleva una gran responsabilidad».

Y es que hace tiempo que tenía en mente escribir un artículo sobre la responsabilidad de los editores para con los lectores y potenciales lectores de la obra que publican. Sin embargo, mi artículo que iba principalmente sobre marketing, se ha visto arrullado por la “polémica” acerca de la  futura publicación de El odio (Editorial Anagrama, 2025), de Luisgé Martín.

No os voy a engañar, mi primer impulso tras la noticia de la posible suspensión de su distribución fue el horror. Y es que ¿qué tipo de sociedades prohíben la publicación de un libro? ¿Vivo yo en un país así? La verdad es que cada día prácticamente se publican libros que son grotescos, asquerosos, ofensivos e incluso, para qué nos vamos a engañar, simplemente malos. Pero, como bien dice el comunicado de la editorial, «la Constitución reconoce el derecho fundamental a la creación literaria».

Muchas personas, principalmente el movimiento feminista, ha puesto el grito en el cielo alegando que al propia publicación es una demostración más de violencia vicaria hacia Ruth Ortiz. El juez, por su parte y sin leer el libro, ha desestimado la demanda de la Fiscalía.

Y aquí está un poco mi opinión. No podemos juzgar un libro sin leerlo. Las personas de a pie, lo único que hemos leído hasta ahora son un par de artículos del propio autor o de los pocos periodistas que han recibido adelantos, que quizás dejan entrever por dónde van a ir los tiros. Tras la publicación veremos cómo va el tema.

Nosotros estamos en nuestro derecho a comprarlo o no comprarlo. Las librerías están en su derecho a venderlo y a no venderlo, algunas de ellas ya han anunciado que no lo van a hacer. Sin embargo, en caso de que se estuvieran vulnerando los derechos de las víctimas, el daño ya estaría hecho.

La cosa es que que nosotros emitamos juicios sin leer el libro es una cosa, pero que lo haga un juez es terrible. Y es que como escribe Victoria Rosell, se tendrá que ver si el contenido quebranta la condena de prohibición de comunicación u otros derechos de las víctimas. Y publicarlo sin saberlo sí es un error.

Yo, desde luego, no puedo criticar el contenido del libro sin leerlo. Incluso no creo que pueda criticar la decisión de publicarlo sin haberlo leído. Quizás lo único que puedo criticar es que ni el autor, ningún empleado o representante de la editorial se comunicaran con la familia para demostrar un poco de sensibilidad sobre el tema. Pero bueno, supongo el libro va sobre odio, no sobre dignidad.

Por mi parte querría destacar el mes de publicación, que no es aleatorio, estamos a las puertas de Sant Jordi. Este libro no es “uno más” de las cien publicaciones anuales que maneja una editorial de este calibre. Ha sido una de las apuestas fuertes del año y ellos esperan que sea un éxito de ventas. ¿Realmente toda publicidad es buena publicidad?

Por último, y esto no lo quiero remarcar como falta de responsabilidad, ya que directamente demuestra la bajeza moral. Es el hecho de algunos de los periodistas que reciben ejemplares promocionales hayan sacado a la venta dichos ejemplares en tiendas online de segunda mano, donde anuncian “el libro prohibido” por el módico precio de doscientos o hasta trescientos euros.

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SOBRE Mí

¡Hola! Soy Erika Bastide, apasionada de la literatura y la cultura. He colaborado en proyectos editoriales con empresas, asociaciones sin ánimo de lucro y escritores freelance. Además, participo en un podcast sobre feminismo y colaboro con asociaciones por los derechos de las mujeres. Siempre estoy lista para una nueva aventura editorial.